sábado, 28 de marzo de 2009

COMIENZO DEL FIN DE LA CULTURA


Mientras nuestros sociólogos, antropólogos e historiadores, entre otros especialistas de las disciplinas sociales se encuentran ocupados en otros menesteres , el país se desangra víctima del patriotismo barato y el oportunismo. Desde lo profundo de la historia la artesanía como concepto de identidad ha venido desempeñando un lugar de primer orden en la cultura de los pueblos. Ha sido y sigue siendo un recurso manifiesto en todo acontecimiento social. El grado de deterioro de nuestra identidad está opacando nuestro desarrollo artístico en todas sus manifestaciones, en lo que se podría definir como el comienzo del fin de nuestra cultura. No es momento de señalar culpables, pero sí de establecer responsabilidades. He venido denunciando desde hace buen tiempo la pérdida de nuestros valores. Nadie hace caso y todo sigue igual. No existe una política de Estado sensible a nuestras posibilidades y sentimientos folclóricos y nuestros críticos sociales brillan por su ausencia. Las artes populares de identidad tienen un manejo oportunista y mediático. Los sitios históricos están cambiando su fisonomía para dar paso a proyectos extranjerizantes. No se tiene escrúpulo en anunciar medidas de extinción del hábito que refleja nuestras costumbres. Los artesanos de mochila y artistas de calle padecen los momentos más traumáticos que se pueda imaginar. Esa misma suerte presagian los escultores, grabadistas, cantores y artistas plásticos que han tenido que emigrar en procura de mejores posibilidades. Ese conjunto de medios de vida y costumbres es malogrado por la indiferencia y la falta de oportunidad. En medio de este tráfago de permisividad se hace comercio en un matrimonio de exterminio con nuestra realidad. Quizás un día encontremos el medio de abatir la ignorancia y la prepotencia de los que se empecinan en hacer desaparecer a nuestros artesanos del contexto social en su más elevada expresión. Es necesario señalar que cultura no es una metáfora, es algo que se relaciona con las facultades sensibles del hombre, que aún en el lenguaje cotidiano, cuando se menciona cultura se relaciona con sensibilidad. ¿Tiene sensibilidad patriótica quién reprime al artesano y censura su obra? Entonces, sin lugar a dudas estamos en el comienzo del fin de la cultura.

sábado, 27 de diciembre de 2008

ESTAMOS PERDIENDO NUESTRA IDENTIDAD

La verdad es que no nos damos cuenta hacia dónde nos encaminamos en materia de identidad. Los discursos y comentarios que ensalzan ese comportamiento social no es más que pura retórica. Dicen cosas que ni ellos mismos se las creen. Todo es un accionar para crear impacto publicitario. Vivimos la cultura del miedo, el silencio y la complicidad. Nadie quiere, salvo honrosas excepciones, decir la verdad “aunque les cueste la vida”. Lo demás esta condicionado a media. Lo original, lo auténtico y lo espontáneo brilla por su ausencia y a decir verdad, los maestros de las imposiciones foráneas nos tratan como si fuéramos huérfanos de talento y creatividad. Preferimos darles todo el dinero del mundo a los de afuera, mientras subestimamos la calidad y capacidad de los nuestros. Los famosos siguen siendo los privilegiados de la fortuna en una especie de “complejo de Guacanagarix”. Por eso nuestro acerbo cultural va descayendo y mermando las sanas costumbres y tradiciones que debemos conservar. El uso desmedido de extranjerismos esta socavando el idioma haciendo más difícil la interpretación. Quienes están llamados defender nuestra identidad han cambiado el discurso crítico por otro que ofrezca mejores oportunidades en procura de un estilo de vida más generoso. Podrían justificar su atictud por los apuros que exige el modernismo en una sociedad de consumo. La patria no es una porción de tierra ni mucho menos una bandera. Es algo más que sus leyes y normas. No es senofobia ni discriminación, pero debemos defender nuestro espacio y sentirnos orgullosos de nuestro pasado primitivo. En un país donde prime el desprecio por lo nuestro y a la vez se glorifique lo exótico, de ninguna manera podrá ser un pueblo con identidad. En el país existe talento suficiente como para cambiar de actitud. Es tan así que muchos promotores culturales se retiran frustrados por no poder lograr sus sueños de transmisores culturales. Por ser así, nos tienen acostumbrados a las mismas actividades, las mismas exhibiciones, los mismos anuncios y las mismas propuestas. No existe la voluntad de proyectar una imagen más acabada y efectiva de nuestros valores. Es más, nos debería dar vergüenza que un país convulsionado por las luchas intestinas, diezmado por el hambre y sus instituciones debilitadas, mantenga una efectiva presencia de su identidad en los foros que se desarrollan en el mundo. Soy abanderado de lo nuestro a toda capacidad. Pero aquí siempre hay que estar de acuerdo con la política del disparate y la improvisación para poder sobrevivir ileso en las aguas del oportunismo. Salvo algunas excepciones, nadie llega a la fama sin un empujón de arriba. Hay que ser muy dichoso y avezado para hacerse de un cubierto a la hora del banquete. Nadie avisa. Esta prohibido pasarse de hora y si se llega puntual, ya otro ha ocupado el lugar. Reconozco que muchas personas conscientes de nuestra realidad hacen aportes sustanciosos a favor de nuestra identidad. No son los más, pero nos entusiasma su desprendimiento y comprensión sobre la realidad que padecemos. Es penoso y deprimente que la artesanía que se produce en Yamasá, por mencionar una, no exhiba sus piezas en las principales plazas turísticas del país. El monopolio extranjero está estrangulado a la mayoría de nuestros artesanos ante la mirada indiferente de quienes tienen la responsabilidad de velar por nuestra identidad.

LA ENSEÑANZA EN ARTESANIA DE IDENTIDAD

La enseñanza en artesanía debe estar orientada a la identidad. El alumno debe de ir aprendiendo en el proceso de aprendizaje aquellos elementos que lo identifique con su trabajo. No se trata de romper el esquema de la enseñanza clásica. Si en verdad la enseñanza es una actividad donde interactúan el profesor, el alumno y el conocimiento, no menos cierto es que se debe integrar el elemento identidad para hacerlo más completo. Si no es así, estaríamos preparando trabajadores manuales para alimentar la línea de producción del trabajo manufacturero. Esto ni es bueno ni es malo. Si algún lector es médico, excuse la comparación, pero en la carrera de medicina sucede algo similar. Por más excelente que haya sido la formación de un médico, jamás podría desarrollar su condición socio-humano, sin una orientación que lo identifique con el prójimo. Es decir que la formación del artesano debe ser un complemento de los requerimientos de la sociedad en cuanto a su identidad. La enseñanza de la artesanía tiene que cambiar de rumbo y olvidarse del manido concepto de su aplicación. La misma definición de que artesanía es “toda técnica manual creativa, para producir individualmente, bienes y servicios, no aplica a su objetivo. Para muchos, es un término medio entre el diseño y el arte. Para otros es una continuación de los oficios tradicionales, en los que la estética tiene un papel destacado. Si esto fuera así, estaríamos en una conjura contra la sociedad y su historia. Los expertos que rechazan la identidad al trabajo creador, se olvidan del mensaje y el conocimiento. Ignoran la proyección del pensamiento humano. Los profesores no solamente deben de enseñar a los artesanos las técnicas de los oficios tradicionales. Se debe tomar en cuenta que más que manualidades, estética o belleza, la artesanía también ha sido un arma de los pueblos por su liberación. Es un medio de lucha que enfrenta la penetración de costumbres alienantes. Es entandarte de representatividad. Muchos intelectuales en apuros temen al trabajo creador como una liberalización de las artes en sustitución de los viejos conceptos. Ellos operan los controles e ideas para mantener sus privilegios de primer orden. No es verdad bajo ningún concepto que la artesanía es una labor ocupacional y que sirve de desahogo para las clases menos pudientes. Los ideólogos de las costumbres también quieren doblegar las creencias populares con un enmascarado apoyo económico para mantener su sistema. La artesanía no debe concebirse como un ente generador de empleos. Es un engranaje de conquista de los pueblos en favor de su liberación mediante su sentir cultural popular.

TEORIA DEL DISEÑO EN ARTESANIA DE IDENTIDAD

Todo lo que existe en el mundo, incluso lo que es espíritu y esencia, está conformado por un diseño. Es decir, que la artesanía como materia es un simple objeto que de acuerdo a los expertos tiene como misión no sólo alcanzar un alto nivel estético, sino hacer evidentes determinadas significaciones de carácter práctico relativo a su aplicación. Esto se refiere al diseño en general. No importa que sea tan grande como una mega estructura o tan pequeño como un grano de arroz o la cabeza de un alfiler. El diseño siempre será el mismo diseño sin abundar en mayores teorías. Pero qué es el diseño en sí. Veamos. Usted, caro lector, debes poseer un poquito de paciencia si esto le interesa, y tengo la impresión que sí, ya que voy a dedicar en unos cuantos minutos convertidos en párrafos, lo que a otros les llevó siglos de investigaciones. Si tomas en las manos cualquier objeto notarás que tiene forma, peso y que ocupa determinado lugar en el espacio. Ejemplo. Si te llevas a la boca una naranja o escribes sobre un papel, estás haciendo uso del diseño, por la sencilla razón de que todos tus movimientos están condicionados en relación con la idea que físicamente da forma al objeto. Ahora: ¿Qué sucede con el sabor de la naranja, una sensación que no se puede tocar, sino que produce efectos que no pueden demostrarse como materia? Lo mismo podríamos decir del lápiz, bolígrafo o “pluma”. Estos objetos tienen formas y materiales específicos que se pueden tocar, por lo que es también parte de la materia. Nadie jamás en el mundo ha podido tocar un diseño. Si usted hablas sobre lo bonito o lo feo. La forma redonda o cuadrada. El efecto que produce el material y las variaciones sensoriales alberga tal o cual tipo de materia, entonces estaríamos de acuerdo. Vamos a realizar un ejercicio práctico y didáctico por su sencillez. Lo más simple que podría tomar de ejemplo es una pulsa o pulsera o muñequera. También podemos tomar de ejemplo cualquier pieza de bisutería o manualidades, perdonando la redundancia, hecho a mano. Usted toma un pedazo de suela, piel o cualquier material sintético y fabrica una pulsera aplicando a la misma su talento creador. Quiero destacar que ese simple pedazo de material de suela nunca llegaría a ser más de dos cosas a la vez. Como materia la podemos considerar un accesorio pero como diseño y esencia la consideramos una identidad. Es decir, hablamos de esencia de concepto de identidad. Pero la forma también es un reflejo de nuestras sensaciones que nos ayuda a conformar una mejor idea del concepto identidad. La naranja del ejemplo puede ser dulce o agria. Por su color y forma podemos deducir gran parte de su contenido y el efecto que nos produce. Si tiene un verde muy acentuado nos da la sensación de agria aunque sea de clase. Lo mismo sucede si la vemos amarillenta y hermosa. La boca se nos hace agua porque percibimos su sabor dulce antes de que llegue a nuestra boca. Los efectos que se desprenden de estas sensaciones no son más que conceptos aplicados teóricamente al diseño, una herramienta práctica que utiliza los recursos sensoriales como elemento de identidad aplicado a la artesanía.

lunes, 29 de septiembre de 2008

EL DISEÑO EN ARTESANIA 2



En todo el desarrollo del quehacer humano la artesanía es la única actividad que juega con el diseño. En cierta medida lo utiliza pero no lo necesita. Esta es una de sus virtudes, contrario a otra actividad donde es obligada su aplicación. No quiero crear incoherencia, pues he hablado de diseño en otros trabajos por asuntos más didácticos que explicativos. Hablaba también de la espontaneidad del artesano en la ejecución de su trabajo, la mayoría de las veces exenta de ideas preconcebidas. Pero bueno, dejémoslo ahí. El diseño es parte integral de lo que es un proyecto. Lo primero es que no se puede emprender una labor sin tener idea clara tanto del proceso como de su conclusión. En artesanía es pura retórica. No conozco el primer proyecto de artesanía que haya sido abandonado por falta de visión o carencia de elementos para su desarrollo. Contrario a cualquier otro tipo de labor la artesanía no necesariamente depende del diseño. Tampoco juega al azar. El lápiz del artesano es su visión, el papel su mente y el cartabón, regla y compás es su espíritu creador. Ningún artesano en el mundo ha dañado una pieza. Porque su concepción del arte lo eleva a una categoría de independencia y autogestión. Su ego no permite la doble tendencia y el mercado no lo doblega porque no concibe el mundo por pedazos. “Tomo la materia, la observo y me dispongo a darle vida a mi pasión”. El diseño quedó atrás. Quiero que entiendan que no estoy confundiendo. Repito que este tema, aunque escabroso, debe ser trato por especialistas con sobrada capacidad. El país cuenta con brillantes expositores formados en prestigiosas academias. Sobre el tema tengo que hablar yo, un humilde quijote de la belleza. Me refiero a la incongruencia, la falta de sentido, la ridiculez, el poco entendimiento, la vocinglería y el colmo de querer hacer la cosa sin sostén ideológico y presentarlo como producto acabado. El valor agregado en artesanía no es el trabajo humano como muchos creen. Si bien la artesanía utiliza incluso su propia negación, un día la genética sería pieza clave para la comprensión de estos fenómenos.
Diseño y artesanía se entrelazan a la vez. Luego se separan y se pierden, Aparecen y reaparecen. Se adhiere el uno al otro. No es cuestión de subjetividad. El diseño en artesanía no esta sujeto a normas ni caprichos. No es una imposición. Es la excepción de la regla. Como cuerpo celestial, produce su propia trayectoria y se adentra apaciblemente a la profundidad de lo enigmático, parecido a esos cuerpos celestiales que aparentan el orden en un mundo de explosiones sin fin.

ARTESANIA Y MANUALIDADES



El estudio de la artesanía como elemento cultural resulta a veces más complicado que lo que uno se imagina. Una parte importante de nuestra población, incluso la más ilustrada, ignora que no todos aquellos objetos que se realizan con la mano pertenecen al género artesanal. Un anafe, una silla, una mesa, una tambora, una güira o una batea no podrán ser consideradas obras de artesanía. Porque la artesanía no es trabajo manual ni nada que se le parezca. Hay que establecer la diferencia. Me llevaría mucho tiempo desarrollar a plenitud este tema tan fascinante como intrincado, pero haré lo posible para dar a conocer mis inquietudes de forma clara y precisa, sin hacer aburrida la lectura. La escuela de antes enseñaba el trabajo manual como una materia y desde niño quedé hechizado con ese tipo de habilidad que me llevó a trabajar como aprendiz en algunos lugares que enseñaban el oficio en mi natal Puerto Plata. Eran otros tiempos, pero hoy queda el fruto de esa sabiduría provinciana. Ni siquiera me pasa por la mente establecer diferencia excluyente, de rechazo y prejuicios. Lo contrario: amo las manualidades con el mismo afecto que profeso por la artesanía. Es difícil amar lo que no se conoce. De lo que sí pueden estar seguros es que no estoy estableciendo diferencias subjetivas. De ninguna manera. Es más, me atrevo a decir que he sido un fiel seguidor de esta generosa habilidad. Debido a que el vocablo artesanía goza de de un prestigio muy singular, algunos comercios utilizan la palabra artesanía en el rótulo su mercancía para darle cierta credibilidad al producto. De la artesanía a las manualidades existe un enorme trecho. Al hablar de manualidades nos estamos refiriendo a la puesta en práctica de una habilidad reservada a manos diestras capaces de crear belleza sin entorpecer el sentido mismo de su creación. Sobre el plano teórico alguien me apuntó que una tambora pudiera ser una obra de artesanía y le respondí que sí, con la debida aclaración de que lo lograría la magia de un artesano que le impregnaría fuerza imaginativa que la dotaría de un estado profundo de identidad suprema. Me asusta caer en incoherencia. Había dicho que la tambora pertenecía al género de las manualidades. Es verdad. Pero nada quita que un anafe, una silla o una mesa no existan en el conglomerado social como piezas de artesanía. La diferencia está en su aplicación y propósito para que puedan ser deschadas de identidad. Contrario a la creencia generalizada, la artesanía tiene la particularidad de adentrarnos en un fascinante mundo de pasiones donde la identidad es lo primordial y aquí establecemos la gran diferencia. La artesanía y las manualidades marchan por camino diferente y no se juntan jamás. Son dos elementos con cierto parecido pero con propósitos diferentes. Resulta preocupante el desconocimiento sobre artesanía en nuestras aulas. Contamos con excelentes artesanos y brillantes facilitadotes pero no somos capaces de marcar la diferencia. Las manualidades se han adueñado del espacio de los artesanos marcando un lugar preponderante de nuestra economía. La población se surte cotidianamente de relucientes adornos de bisutería creyendo obtener obras de artesanía. Esto se debe a que a nadie se le enseña a establecer diferencia. Para lograrlo hay que tomar conciencia de lo que significa todo lo relacionado con nuestra identidad. Repito que amo las manualidades pero hay que establecer orden y diferencia. No por mezquindad sino por principio. En el campo de la cultura es frecuente el choque de pasiones. A lo mejor cualquier teoría de la psicología nos orientaría mejor. Lo que sí puedo asegurar es que escribo con la mejor de las intenciones y talvez podría estar equivocado sobre un tema que muchas veces resulta más complicado que lo que uno se imagina.

jueves, 25 de septiembre de 2008

EL TALLER DEL ARTESANO

En el plano artístico el artesano se da a conocer por su capacidad creadora. Su habilidad para trabajar la materia depende en mayor medida a la destreza que impone la imaginación en la utilización de sus herramientas. Un acopio generoso de adecuada utilería facilita el buen desempeño del trabajo creador. Lo primero en un artesano es la disponibilidad de un espacio tranquilo y adecuado. La mayoría de nuestros artesanos realizan su labor en lugares impropios. La condición estética es exigente y vulnerable. El bullicio y el escándalo entorpecen la imaginación y merma la concentración. El taller de hoy resulta más complejo por su operabilidad. Las herramientas resultan más sofisticadas y escasas. Hoy día mantener un taller operando a ritmo de competencia resulta riesgoso. Los estudios de factibilidad resultan tímidos y carentes de medidores efectivos que puedan servir de guía en el inestable mercado criollo. Mientras muchos países como el nuestro desarrollan su artesanía mediante la aplicación de la llamada tecnología de punta, nosotros trabajamos de forma rudimentaria y sin protección. Tanto las herramientas como los insumos presentan precios prohibitivos. Sobre estas condiciones no podemos soportar el peso que significa el montaje de una estructura productiva. Los precios suben y la capacidad productiva merma. El taller y la utilería son elementos básicos en la fabricación. Trabajar en condiciones inadecuada y con herramientas toscas no podemos llevar a cabo una transformación cuantitativa. Aún así, asombra la destreza del artesano dominicano por su capacidad inventiva. Trabajar en callejones, casillas y otros establecimientos pequeños y mezquinos dificulta la operación artesanal. La carencia de elementos innovadores hace del taller un espacio poco generoso. Mientras esto sucede, el mercado oportunista se nutre de la falta de la poca competitividad. Contamos con el talento, pero no disponemos de las herramientas para encender el motor de la diversidad. La experiencia en la confección de sandalias en cuero es traumática. La precaria producción este tipo de artesanía no satisface la demanda. En otras palabras se pierde la oportunidad de ingresos para nuestros artesanos. Llevar al mercado una pieza de este tipo implica no compensa el precio de venta con la gran inversión que significa producir este artículo.

SENTIDO ESPIRITUAL DE LA ARTESANIA

Por simple o compleja que parezca una artesanía, es un error apreciarla por su sencillez al  compararla con otra más atractiva por su acaba...