sábado, 27 de diciembre de 2008

LA ENSEÑANZA EN ARTESANIA DE IDENTIDAD

La enseñanza en artesanía debe estar orientada a la identidad. El alumno debe de ir aprendiendo en el proceso de aprendizaje aquellos elementos que lo identifique con su trabajo. No se trata de romper el esquema de la enseñanza clásica. Si en verdad la enseñanza es una actividad donde interactúan el profesor, el alumno y el conocimiento, no menos cierto es que se debe integrar el elemento identidad para hacerlo más completo. Si no es así, estaríamos preparando trabajadores manuales para alimentar la línea de producción del trabajo manufacturero. Esto ni es bueno ni es malo. Si algún lector es médico, excuse la comparación, pero en la carrera de medicina sucede algo similar. Por más excelente que haya sido la formación de un médico, jamás podría desarrollar su condición socio-humano, sin una orientación que lo identifique con el prójimo. Es decir que la formación del artesano debe ser un complemento de los requerimientos de la sociedad en cuanto a su identidad. La enseñanza de la artesanía tiene que cambiar de rumbo y olvidarse del manido concepto de su aplicación. La misma definición de que artesanía es “toda técnica manual creativa, para producir individualmente, bienes y servicios, no aplica a su objetivo. Para muchos, es un término medio entre el diseño y el arte. Para otros es una continuación de los oficios tradicionales, en los que la estética tiene un papel destacado. Si esto fuera así, estaríamos en una conjura contra la sociedad y su historia. Los expertos que rechazan la identidad al trabajo creador, se olvidan del mensaje y el conocimiento. Ignoran la proyección del pensamiento humano. Los profesores no solamente deben de enseñar a los artesanos las técnicas de los oficios tradicionales. Se debe tomar en cuenta que más que manualidades, estética o belleza, la artesanía también ha sido un arma de los pueblos por su liberación. Es un medio de lucha que enfrenta la penetración de costumbres alienantes. Es entandarte de representatividad. Muchos intelectuales en apuros temen al trabajo creador como una liberalización de las artes en sustitución de los viejos conceptos. Ellos operan los controles e ideas para mantener sus privilegios de primer orden. No es verdad bajo ningún concepto que la artesanía es una labor ocupacional y que sirve de desahogo para las clases menos pudientes. Los ideólogos de las costumbres también quieren doblegar las creencias populares con un enmascarado apoyo económico para mantener su sistema. La artesanía no debe concebirse como un ente generador de empleos. Es un engranaje de conquista de los pueblos en favor de su liberación mediante su sentir cultural popular.