martes, 13 de diciembre de 2011

SENTIDO ESPIRITUAL DE LA ARTESANIA

Por simple o compleja que parezca una artesanía, es un error apreciarla por su sencillez al  compararla con otra más atractiva por su acabado estético. Aparte del interés artístico por determinada pieza, lo que cuenta es la identidad. La artesanía debe considerarse un reflejo de nuestras costumbres y tradiciones. Por eso hay que trabajarla con apego a lo auténtico y lo original. Cada pieza deberá ser portadora de mensajes de espiritualidad, captados por artesanos genuinos inspirados en la esencia con etnias primitivas, fiel a nuestras costumbres y tradiciones, como expresión genuina de la cultura taina, Todo como fiel respeto a la memoria de nuestros antepasados. Cada pieza debe estar cuidadosamente procesada a mano. en una labor que la hará única e irrepetible. Cortada, decorada y pigmentada a mano, para que una no sea igual a otra. Se deberá evitar la alteración de materiales, salvo los tratamientos que buscan la originalidad a través de la creatividad. Es importante la selección de materia prima con un riguroso sentido sostenible en la preservación ambiental y la no utilización de manos de obra infantil o de explotación. Nunca tratar de hacer piezas impecables, al menos que nos motive el fino sentido de un acabado excelente por su propiedad. Pero jamás  sacrificar en aras de la belleza aquellos elementos y detalles propios de materiales rústicos y de procedencia natural, cuyas imperfecciones pudieran ser utilizadas como parte del diseño, haciendo de cada detalle un elemento innovador. En este proceso hay que ser cauto al utilizar ingredientes contaminantes. Manejar los insumos bajo un riguroso control que no afecte la calidad circundante, por lo que siempre es preferible trabajar con materiales de factura natural. 

domingo, 4 de diciembre de 2011

ARTESANIA ES PASION INTELECTUAL

La artesanía no es una actividad comercial, un negocio o un modo común de generar ingresos económicos. La artesanía es pasión intelectual. Para lo demás existe un conglomerado de oficios rentables y profesiones de las artes aplicadas, donde la expectativa de amasar fortuna es más generosa y no hay que forzar tanto el cerebro en busca de rspuestas científicas en las artes o en el campo social. Trabajar con la cultura en cualquier lugar del planeta significa sacrificio y desprendimiento, pero en un mundo de intermediarios, donde las reglas de juego las imponen los comerciantes, el trabajo del artista queda relegado a la manipulación de los intereses mercuriales. En estas circunstancias pecaminosas se aprovechan los mercaderes del arte y la cultura. Pero nuestros artistas resisten la odiosa manipulación de su talento. Su formación le da el temple de la firmeza espiritual, y unen su cerebro y talento en una química que resiste toda tentación de la bajeza humana. Y la artesanía no escapa a esta vorágine de intereses. Porque a pesar de todo, la artesanía sigue siendo un medio de la promoción culturar popular de llevar el espíritu de identidad a cualquier clase social. Para lograrlo, el artesano debe de estar dotado de una sólida formación de las ciencias sociales, y tener siempre presente que artesanía no es un objeto, una pieza ni una figura por bella que ésta sea. Es todo aquello que mediante la elaboración manual pueda reflejar con autenticidad las costumbres y tradición de una región, país o pueblo. La artesanía no se exporta ni se importa. Es un patrimonio intangible de cada comunidad que representa la identidad en cada expresión y forma. No es lo que vemos y tocamos. Es lo que sentimos y amamos. Lo que observamos es una figura y lo que nos motiva es su esencia. Eso que no se ve pero que se siente, y que solo podríamos lograr con un acercamiento y estudios de las ciencias sociales afines, que convertiría a cada artesano en un efectivo promotor cultural. Al diseñar una pieza, debemos tener presente que no fabricamos solamente para recrear, decorar o llenar una función utilitaria. Cada pieza debe ser un mensaje de continuidad de nuestras costumbres.

lunes, 17 de octubre de 2011

UN TOQUE ETNICO A TU "LOOK"

Los etnólogos comprenden más la artesanía social que los artesanos. Son los genuinos representantes de nuestras costumbres y tradiciones. Escudriñadores de la antigüedad, sus investigaciones son joyas que nos muestra un mundo de posibilidades capaz de eternizar la esencia de nuestros antepasados. No obstante, muchos de estos valores van perdiendo vigencia histórica debido a la disgregación de ideas y conceptos unitarios de las ciencias sociales. La artesanía al igual que el folclore es la expresión más acabada del sentir de los pueblos. Los ritmos, la música, el baile, las danzas y el teatro son medios de expresión colectivos. Ninguno de estos elementos puede actuar por sí solo. La actividad artesanal debe estar a la par en términos intelectuales con las ideas de avanzada, para hacer muro de contención a los tsunamis de la perversión cultural. Las pasiones humanas son más violentas que las excavaciones del paleontólogo en busca del hueso perdido. A veces es más difícil encontrar un mensaje creador a la vuelta de un muro milenario, que un fósil de dinosaurio debajo de una roca en el desierto. El vestir, ese nuevo “look” que nos distingue y no hace diferente lleva impreso en la piel el cuestionamiento de la identidad. Ese toque mágico que nos diferencia del montón en una comunicación con el pasado. Y no porque sea vetusto el pensamiento. El término “look” que encierra todo lo que significa apariencia, fachada, aspecto, mirada y en este caso aplicado a la moda, debe ser tratado con todo el cuidado posible en el marco de la creatividad del artesano y muy especial aquel que se dedica a diseñar atuendos y accesorios para el vestir. Es que la personalidad creativa y transmitida es algo íntimo del quehacer del artesano en capacidad de dar un toque étnico de look a para entrar a la moda. Para vestir y decirle al mundo que eres de aquí o de allá. Que tiene identidad, que busca realzar la personalidad con ese toque mágico como un reflejo de lo que amamos.

martes, 5 de julio de 2011

ARTESANIA Y CLASE SOCIAL

En el principio todo era armonía. No había diferencia social, por cuanto toda actividad humana se desarrollaba en torno a un ambiente de igualdad, como especie de una comunidad primitiva. En síntesis, no existía la propiedad privada, por lo que a nadie se le ocurría hacerse de las pertenencias de los demás. Había un respeto absoluto y forma de vivir muy diferente. No solamente aquellos pobladores compartían de forma equitativa aquellos favores que ofrecían los medios materiales para la subsistencia, como el comer y vestir, sino que también se deleitaban a plenitud de la recreación del espíritu a través del disfrute de las bellas artes. La música, el teatro, la danza, la literatura, la arquitectura y la escultura, formaban parte de aquel esquema de igualdad y fraternidad. Pero no todo siguió siendo así. Esa apacible y humana forma de vida fue interrumpida por el afán de lucro de una parte de la sociedad que se fue adueñando poco a poco de los bienes de la comunidad. En lo adelante fue creciendo una clase dominante conocida como burguesía y que luego sirvió de sostén para el surgimiento del sistema capitalista de entonces o de explotación del hombre por el hombre. Mi objetivo no es dar lecciones de historia ni de sociología. Si así fuere, parecería nadando en aguas poco profundas y con erizos. Son chispas, reflejos y pinceladas de un propósito del que no puedo soslayar ni ignorar. Es más, ni uno de los acontecimientos sociales se da por casualidad. Siempre existe una causa. Ahora, como fenómeno al fin, siempre todo dependerá de la precisión y calidad del detonante que haga estallar la carga. Todo es cuestión de tiempo. La burguesía no solamente se adueña de la mano de obra. Posee a plenitud los medios de producción y necesita quien le haga capital. Quien le produzca dinero. ¿Para qué quiere un rico dinero? ¡Para hacer más dinero! ¿Para qué quiere más dinero? ¡Para hacer más capital! En ese círculo vicioso de más dinero y más capital y viceversa esta la clave de la plusvalía simple: Hay que amasar más riqueza cada día porque a esa medida el tamaño del capital es quien impone las reglas de juego y da poder de acción sobre los medios culturales y materiales de una región o país. Donde quiero llevarte, caro lector, es a lo siguiente: ¿Qué ha hecho con la música? La ha dividido. ¿Qué ha hecho con la literatura? La ha diezmado. ¿Qué ha hecho con la arquitectura? La ha exclusivizado. ¿Qué ha hecho con la danza? Ni se menciona. ¿Qué ha hecho con la artesanía? ¡La ha degradado!

EL FIN JUSTIFICA LA IDENTIDAD

Más que un fenómeno social, las bellas artes son consideradas una necesidad como medio de expresión del ser humano para comunicarse mediante diferentes formas de manera continua y creativa. El hombre no es un objeto: es y seguirá siendo una obra de arte. Al contemplar el cielo, resurge el misterio de ese universo que crea la síntesis para comprender el medio que le rodea. Sus necesidades exigen el manejo de instrumentos capaces y que coadyuven su comportamiento en una sociedad posible donde crecer y desarrollarse al ritmo de sus aspiraciones. Primero las manos y después el cerebro. Pero existe un elemento que le deja solitario y lo aísla del medio. Se trata de su identidad: una expresión perdida, borrada y olvidada a través de una serie de subterfugios diseñados por las nuevas corrientes. Es necesario que surja un levantamiento moral de preocupaciones en las mentes de nuestros artesanos auténticos. La idea de crear un nuevo comportamiento a partir de la innovación de determinadas actividades tecnológicas me llena de preocupaciones, no solamente por lo sensible y delicado de la materia, sino por los peligrosos que encierra la llamada filosofía del nuevo orden mundial. La globalización no comienza en este siglo ni los anteriores. Es un producto de milenios cuando las clases sociales gobernantes comenzaron a cambiar los esquemas primitivos de producción hasta comienzo de la llamada revolución industrial y la era tecnológica. Había que crear un mundo diferente y la prisa no importaba. La sociedad de aquel entonces, al igual que hoy aprobó a conveniencia el bautismo clásico con la imposición de clasificar dentro del ámbito de las bellas artes a la arquitectura, la escultura, la literatura, la pintura, la danza y la música. El cine surgió después, denominado como séptimo arte. Estas artes describen más el gusto por el placer estético de la clase social, que por su utilidad práctica. A los ricos de entonces no les interesaba en lo absoluto lo que no poseyera valor material capaz de generar dinero. Más allá del placer y el deleite, escondían, al igual que hoy día, una forma mercurial de amasar riquezas. Han cambiado la forma de transitar este complejo mundo del intercambio con prebendas, intercambios maliciosos y políticas fundamentalistas. Es difícil, no imposible, conjugar muchas ideas de un tirón. Pero siempre algo queda y ese es el propósito: aunque sea un “chin”. Los tiempos no cambian. Cambia la mentalidad del hombre. Sobre esta base y el mismo concepto seguiré escribiendo.

martes, 26 de abril de 2011

PERFIL SOCIOLOGICO DE LA ARTESANIA

Desde la prehistoria el hombre ha librado una feroz lucha sobre la supremacía del concepto filosófico entre el materialismo histórico y el idealismo filosófico. Es difícil pensar cómo esos pueblos sobrevivieron en medio de una encarnizada batalla por el predominio de esos conceptos sobre sus ideas y forma de actuar. Es decir que si primero fue la idea, lo más lógico es que la materia definiera en algún oscuro rincón del talento humano el concepto de la idea sobre la materia. Soy enemigo acérrimo de las citas y de las referencias, pero creo necesario insertar un texto de Cavallaro y Vago-Hughes por considerarlo necesario y se lee así: “En épocas prehistóricas el artista era un “acedor” u “homo faber”, capaz de darle forma visible a las ideas simbólicas. La imagen vivía a mitad de camino entre el arte y el ritual. En las sociedades medievales, el artista (artesano) -paréntesis míos- era a menudo un bardo que cumplía una parte activa en las organizaciones sociales”. Me pregunto: Cómo era posible determinar cuando una idea podía representar una realidad o materia, capaz de transformar la vida de un pueblo. Es decir, que para que se diese la guerra, había que representar el sentido de la lucha a través del peligro o aquellos elementos ideológicos que conformaran una repuesta violenta y unitaria liberadora de la opresión. Este hecho puede sucederse a la inversa, como cuando un sector de la sociedad se convierte en grupo de lucha de una comunidad. Porque una de las responsabilidades de la artesanía es transmitir identidad. La artesanía no es un objeto ni menos una pieza. Es una forma de lucha, tanto de idea como de materia en cualquiera de los niveles sociales. La lanza del guerrero no sólo representaba una defensa contra el oponente, sino que servía de objeto de identidad para hacer prevalecer su cultura de identidad. También el escudo, la espada, el atuendo y sus artesanías protectoras. El canto, el poema y las recitaciones también eran y siguen siendo elementos de combate. De estos conceptos, nacidos de la precariedad del talento humano, nada escapa al azar sin una justificación que pueda definir el perfil sociológico de la artesanía. Hoy, al igual que antaño, experimentamos la misma suerte. Y es que se pretende restar calidad a una de las más expresivas formas de preservar la identidad cultural a través de la expresión artesanal de identidad.